
La historia de la empresa GATIC SA. espeja a la de la industria nacional de la segunda mitad del siglo XX.
Su fundador manifestaba en el libro "Así se destroza un país" que la decadencia argentina no es sino la consecuencia de deficiencias estructurales, del lobbismo que gobierna más que los mismos gobiernos, del fundamentalismo de los economistas, del nefasto crecimiento de la Capital Federal (la cabeza de Goliat que denunció hace 60 años Martines Estrada), del hábito de la corrupción y de la coima.

Por todo ésto la historia de GATIC puede ser entendida como símblo y síntoma de los diferentes procesos que ha atravesado la Argentina desde la segunda presidencia de Perón hasta nuestros días.
Los extrabajadores en la Plaza de su pueblo, La Calera, 6 años después de su despido, están presentando un petitorio al Presidente de la Nación para que reconozca la responsabilidad del Estado Argentino por esta situación diciendo:
En el año 2001 los trabajadores de la empresa GATIC SA de La Calera fuimos despedidos de nuestros puest

os de trabajo; perdiendo la única fuente de ingresos de nuestras familias, y quedando sin obra social, con 8 quincenas trabajadas sin cobrar y sin percibir la indemnización correspondiente.
Lo mismo fue sucediendo con las demás plantas a nivel nacional, hasta que todas fueron cerradas.
Miles de trabajadores quedaron en la calle esperando al menos, la justa indemnización después de tantos años de esfuerzo.
La modificación de la Ley de quiebras sancionada por el Congreso de la Nación en el año 95, nos dejó absolutamente desprotegidos, privilegiando a los bancos y a los grandes capitalistas como acreedores prioritarios en caso de quiebra de las empresas nacionales.
Cintos de miles de personas que habían sido el motor de la industria nacional y de la economía a nivel local, pasaron a ser los olvidados del sistema.
Fuimos olvid

ados por las patronales, olvidados por los gremios, olvidados por los abogados y olvidados por los políticos de turno que en lugar de defender los derechos de sus ciudadanos nos dieron la espalda.
Fuimos también y con mucho dolor, olvidados por los miembros de nuestra propia comunidad, como si tuviéramos la culpa de tanto despropósito a nivel macroeconómico.
Pero lo más triste, es que luego de muchísima desesperanza y desengaño, nos fuimos olvidando nosotros mismos de que aún nos deben algo.
De que fuimos atropellados en nuestros derechos elementales.
De que existe una deuda pendiente no solo económica con los trabadores y de que tenemos una lucha justa y digna por delante.
Llegamos incluso a olvidarnos de que la unión hace la fuerza. Pero aquí estamos. Y hoy, luego de 5 años de larga espera, nos encontramos en la misma situación que cuando fuimos despedidos. Por eso nos unimos, por eso decidimos dejar de esperar una solución venida del cielo para ir todos juntos en busca de lo que nos corresponde por derecho.
Mariana Calvo se encargó de documentar imágenes en esta movilización. Se podía percibir un gran compañerismo, una profunda amargura por lo sucedido y una pequeña esperanza intentando asomar en la mirada de la gente.